Entrevista a María Angulo Ardoy, autora de “El gen Alexander”, de @nowevolution

Entrevista por Laura López Alfranca.

mariaangulo

¡Bienvenidos todos! Hoy he atrapado a María Angulo Ardoy por banda, la he atado y ha consentido dejarse hacer preguntas. ¡O algo así! María, muchas gracias por prestarte a responder a algunas preguntas.

A todas y todos los que leáis esto, sabed que Laura López Alfranca es el Mal y la prueba es que cuando se gana tu confianza te hace cosas como ENTREVISTARTE.

Comencemos por lo más complicado o sencillo: ¿Quién es María Angulo Ardoy?

¡Esa no viene en mi libro, profe! En serio, lo de definirse uno mismo es de las cosas menos honestas que he visto. Y menos versátiles. Si ahora te digo que soy encantadora y educada, ¿puedo luego cambiar de idea y ser una sádica sin escrúpulos? Lo fácil sería decir que soy médico y que cada cual tire de prejuicios al respecto, pero lo cierto es que acabé en Medicina de entre otras 20 o 30 posibles carreras por razones como que la principal salida laboral de muchas de las carreras de mi lista era la docencia, y no me sentía cualificada para ella. Lo de ser escritora lo tenía más claro desde siempre, pero me lo tomé con más calma. Necesitaba encontrar algo mío para contar, supongo.

Se te ha visto moverte sobre todo en antologías y revista de temática de ciencia ficción, ¿eres más de textos cortos o largos? ¿Qué te aporta cada tipo de texto?

Pues he tenido mis tiempos de pensar que no se me daba la novela, mis tiempos de pensar que los relatos breves buenos eran complicadísimos y mis tiempos de hacer pinitos con la poesía (nada memorable). Como en su día me dijo Sofía Rhei, cambiar de formato ayuda a entrenar diferentes técnicas. “Es muy buena escuela”, fue su frase.
Los textos breves te permiten experimentar más. Jugar con el lenguaje, con cambios de estructura. Requieren tener la historia más atada y eliminar redundancias. El texto largo, por su parte, permite dar más matices a los personajes y la historia, hacerlos evolucionar, te da la opción de recrearte en algún pasaje cotidiano sólo para ilustrar un rasgo de un lugar o un personaje o para bajar un poco el ritmo. Pero es más complejo manejar todos los detalles de una historia larga.

Dado en los mundos en los que te mueves y tu profesión en la medicina, ¿cuánto crees que ha influido tu vida “fuera de la página” a plasmar en ellas?

Bastante, la verdad. Los temas sociales ya me interesaban antes, pero trabajar en contacto directo con ellos y su repercusión sobre la salud te da otra perspectiva. Conoces diferentes dimensiones de la gente. Además, la parte técnica de la medicina permite jugar mucho a especular sobre diferentes aspectos del ser humano. Y mi lado sádico se siente muy juguetón con esas posibilidades.

Tu nueva novela se titula “El gen Alexander”, háblanos un poco sobre ella.

La novela habla sobre una epidemia futura con unos virus capaces de inducir mutaciones impredecibles en el ADN. Cuenta la historia de algunos afectados que consiguen sobrevivir, con más o menos fortuna y más o menos problemas y ventajas. Y habla sobre la búsqueda de la vida eterna y el miedo al envejecimiento.

¿Cómo surgió la idea de “El gen Alexander”? ¿Cuál era tu objetivo con esta novela?

Por un lado, hace años, mi hermano y mi tío Juan (mi “hermano” mayor) hablaban sobre ciencia ficción y el tema de la vida eterna y de cómo algunos expertos en medicina especulaban sobre la posibilidad de estar llegando a nuestro límite máximo de esperanza de vida como especie o, incluso, ser capaces de superarlo. Unos años antes había empezado a leer sobre el uso de retrovirus para la curación de enfermedades monogénicas y empecé a elucubrar sobre qué ocurriría si detectásemos los genes asociados al envejecimiento y la reproducción celular. Mi objetivo inicial era escribir sobre la búsqueda de la vida eterna y lo que estamos dispuestos a sacrificar en el camino. Al final me salió una historia que habla más sobre las desigualdades en el ámbito de la salud, tanto las innatas como las sociales o médicas.

La narrativa sabe balancearse entre lo trepidante y los momentos de descanso, explicación técnica y avance de trama. De todo el proceso de escritura, incluso la documentación y corrección, ¿qué ha sido lo mejor, lo peor y por qué?

La parte de documentación fue emocionante. Descubrí los avances conseguidos con esta técnica en algunas áreas (muy positivos en su mayoría y modestos pero prometedores. Nada terrible, como mi historia), me documenté sobre bioética, me miré mapas y mapas para construir los viajes y tomé notas para unas cuantas excursiones… pero quizá disfruté más (y me costaron más) algunas escenas que reflejan las relaciones entre los personajes.
Lo peor fue conseguir incluir la información imprescindible en la trama para hacerla comprensible sin hacerla pesada. Hay pasajes que reescribí 10 o 12 veces intentando quitarles el aspecto de clase magistral.

En esta novela destacan los personajes de personalidades o rasgos fuertes (no necesariamente positivos), ¿Con qué rasgos de qué personajes te identificas y por qué?

En cierto modo, casi todos los personajes tienen algo en común conmigo. Intenté evitar identificarme con uno solo para construir personajes, y no una proyección de cómo me gustaría creer que soy. Por ejemplo, Alexander se pasa casi toda la historia intentando que le dejen vivir su vida sin verse obligado a salvar el mundo cada mañana. Todos nos hemos sentido así alguna vez. Beatriz, que se parece bastante a mi hermano y es una justiciera incansable y brillante, es muy hermana mayor y siente la responsabilidad de tener que ocuparse de todos. Belén sería más mi hermana: carismática, fuerte, encantadora, cariñosa y con los pies muy en la tierra. Sin embargo en algunos pasajes es tan bruta como yo. David es un cínico bienintencionado capaz de usar sus debilidades como fortalezas. Y así podríamos seguir.

Aunque sean abstractos, otros personajes importantes son la propia medicina, su ética y las empresas dedicadas a ello, ¿cómo fue mover a los personajes más humanos entre estos dos conceptos? ¿Qué te gustaría que el lector se quedara?

Por un lado, ese fue el motivo de elegir como protagonista a Alexander, el personaje fuera del grupo por elección propia. Conseguir dar la información de forma gradual en la medida en la que él la adquiría y tener momentos sin acción para darle tiempo a investigar. Pero la clave para hacer más amenos esos fragmentos fue darle más protagonismo al personaje de Sandrine, una de las pacientes, que acaba estudiando medicina y funciona como nexo entre los personajes y entre la medicina y estos.
Respecto al tema socio-sanitario, me gustaría incitar a reflexionar sobre el coste de los avances que conseguimos y sobre la importancia del reparto justo de recursos y cómo, cuando los poderes públicos dejan su función reguladora y garantista, todos perdemos.

Hablemos un poco ahora de la ciencia ficción, como escritora y lectora de esta temática, ¿qué crees que necesita ahora y en qué ha podido avanzar en los últimos tiempos?

Por un lado, necesita salir del armario del friki. Quitarse de encima ese complejo de hermana fea de la literatura. Todos hemos leído obras de ciencia ficción sin ser conscientes de ello y muchos de los grandes clásicos de la literatura lo son. Quitarse ese prejuicio de literatura de segunda permitiría que los lectores se aproximasen más a la ciencia ficción, pero también que los autores se permitiesen innovar aún más, arriesgarse con formas narrativas menos clásicas.

También necesita continuar integrando puntos de vista diferentes al mayoritario. Las historias de señores que salvan un universo de hombres blancos y doncellas desvalidas son entretenidas, pero el mundo en el que vivimos es mucho más rico y la ciencia ficción debería jugar a multiplicar esa riqueza cultural.

¿En qué estás trabajando ahora? ¿Te animarías con otros géneros en el futuro? ¿Cuáles?

Estoy un poco vaga, la verdad, pero intento terminar una colección de relatos sobre sexismo y violencia de género, intentando enfocarme en las violencias “next-door”, lo que ocurre en nuestro país, especialmente en las situaciones cotidianas que tenemos normalizadas. Algunos son ciencia ficción, algunos fantasía y la mayoría son más de corte realista.

También intento terminar una historia ambientada en Granada en la Guerra Civil, con su puntito de ciencia ficción (muy leve), alrededor de una familia nada convencional.
Así que sí, voy explorando otros géneros. La ciencia ficción da bastante juego para especular, pero algunas historias requieren señalar precisamente lo cotidianas, lo habituales que son.

¿Qué te gustaría decirle a nuestros lectores a modo de despedida?

¡No os fiéis de Laura! Es broma. Estad atentos, que va a daros muchas y muy buenas sorpresas. Un día publicaremos juntas y será el principio del Apocalipsis. Avisados quedáis.

¡Apocalipsiiiiiiis! Digo… ¡Muchas gracias María por tus palabras! Y recordad, si os ha llamado la atención y queréis haceros con una copia de “El gen Alexander”, podéis pedirlo en vuestra librería más cercana, Amazon o incluso la web de la editorial Nowevolution aquí: EL GEN ALEXANDER

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